Claude no guarda memoria entre mensajes: en cada turno se reenvía la conversación completa, así que un chat de 50 mensajes cobra los 51 cada vez que escribes. Además, al crecer los tokens la precisión se degrada. La solución es un chat por tarea: antes de cerrarlo, pídele cinco líneas con las decisiones y arranca el siguiente pegando solo eso.
En un chat de 50 mensajes, el mensaje 51 no cuesta un mensaje. Cuesta los 51. Y vuelve a costarlos cada vez que escribes.
Ese es el motivo por el que empiezas el lunes con todo el límite disponible y el miércoles sientes que se te acabó. No lo gastaste trabajando: lo gastaste arrastrando el mismo historial una y otra vez.
Esta es la mecánica que casi nadie conoce, y explica todo lo demás.
Abres Claude, escribes un mensaje, te responde. Escribes el segundo y asumes que se acuerda del primero, como se acordaría una persona.
No funciona así. No hay memoria entre mensajes: en cada turno se le vuelve a enviar la conversación completa desde el principio. Los turnos anteriores se conservan enteros, y todo lo que va en la petición cuenta: las instrucciones, cada mensaje, las imágenes, los documentos. Otra vez. Cada vez.
Saca la cuenta, porque esto es aritmética y no teoría:
No es que te cobre más caro con el tiempo. Es que la conversación se hace más pesada y tú la arrastras entera en cada mensaje que escribes.
Lo del límite es la mitad barata del problema. La otra mitad no te cuesta dinero, te cuesta calidad.
Anthropic le puso nombre en su propia documentación: degradación de contexto. A medida que crece el número de tokens, la precisión y la capacidad de recordar se degradan. Y lo rematan con una frase que vale la pena tatuarse: más contexto no es automáticamente mejor.
O sea que ese chat kilométrico donde llevas dos semanas trabajando no solo te está quemando el límite: te está dando respuestas peores que un chat nuevo. Y tú culpas al modelo cuando el problema lo creaste tú.
Es lo contrario de lo que casi todos asumimos. Damos por hecho que cuanto más largo el chat, mejor te entiende. Es al revés.
El arreglo no es una herramienta ni un truco. Son tres pasos.
1. Un chat por tarea. No un chat por proyecto. No un chat por semana. Por tarea. Cuando la tarea se acaba, el chat se acaba.
2. Antes de cerrar, destila. Pídele que te resuma en cinco líneas las decisiones que tomaron y en qué quedaron. Eso es lo único que vale la pena arrastrar: no los 50 mensajes, las cinco conclusiones.
3. Arranca el chat nuevo pegando esas cinco líneas. Contexto limpio, cero basura, y vuelve a responderte como el primer día.
Suena demasiado simple para ser el arreglo. Lo es igualmente.
No todos los sitios se comportan igual, y venderte lo contrario sería mentirte.
En la aplicación de Claude (la web y el teléfono), la interfaz puede ir soltando los mensajes más viejos sobre la marcha. Ahí no siempre pagas la conversación completa.
En Claude Code y en la API, cada turno arrastra todo el historial. Ahí sí lo pagas entero.
Pero ojo con la conclusión fácil: la degradación de contexto te pega igual en los dos lados, porque no depende de quién paga la factura, sino de cuántos tokens hay dentro de la ventana.
También existe la compactación automática, que resume la conversación por detrás. Es una ayuda, no una solución: no la conviertas en tu sistema.
Si trabajas en Claude Code, no tienes que adivinar:
Entre los dos hacen visible lo que hasta ahora solo notabas cuando el límite ya se había ido.
Claude no se acuerda: se le vuelve a contar todo cada vez. Los chats largos te cuestan más y te responden peor. Y el arreglo no es un truco ni una herramienta: es cerrar el chat cuando la tarea terminó.