Empieza por una entrevista: pídele a Claude que te pregunte una cosa a la vez sobre tu familia y arme un primer árbol con lo que ya sabes. Después pídele el origen de tu apellido con fuentes que puedas abrir y que busque parientes en registros públicos. Filtra cada hallazgo con tres preguntas: si cuadran las fechas, si cuadra el lugar y si hay dos fuentes.
Le pedí a Claude que armara mi árbol genealógico completo y volvió con tres familiares que yo no sabía que existían. Sin apps de genealogía, sin suscripciones y sin una línea de código: tres prompts escritos en español normal y un cuarto que no esperaba.
Aquí tienes el proceso completo en texto, en el orden en que funciona, con los prompts listos para copiar. El video está abajo por si prefieres verlo en pantalla.
Casi todo el mundo abre el chat y escribe «Hazme mi árbol genealógico». El resultado es un esquema vacío, casillas sin nombres, y la conclusión rápida es que la IA no sirve para esto.
El problema no es el modelo. Claude no sabe quién eres, no conoce a tu abuela ni sabe de qué pueblo salió tu bisabuelo. Esa información está en tu cabeza y en la de tu familia, no en internet.
Por eso el orden correcto es al revés de lo que parece: primero se vacía lo que tú ya sabes y después se busca lo que falta.
Abre Claude y escribe exactamente esto:
Quiero construir mi árbol genealógico completo, así que pregúntame todo lo que necesites saber, una pregunta a la vez: mi nombre completo, de dónde viene mi familia y cada pariente que recuerde.
Claude deja de comportarse como un buscador y empieza a preguntar como un genealogista: los apellidos de tus cuatro abuelos, los pueblos, las fechas aproximadas, los hermanos que se fueron. Una pregunta por turno, y al final te devuelve un primer árbol ordenado por generaciones con lo que tú mismo le contaste.
Dos consejos que definen el resto del proceso:
En el mismo chat, sin abrir uno nuevo:
Según mi apellido y el lugar de origen de mi familia, dime de dónde viene mi línea familiar y hasta dónde puedes rastrearla con fuentes que yo pueda abrir.
Aquí Claude sale a la web, cruza fuentes y vuelve con la historia de tu apellido y los enlaces para comprobar cada dato. La clave está en la última parte del prompt: no le pides una historia bonita, le pides referencias que puedas abrir tú.
De paso vas a descubrir a qué tipo pertenece tu apellido. Casi todos caen en tres grupos: los de oficio (Herrero, Molina, Zapatero), los de lugar (de la Vega, del Río) y los patronímicos, como Rodríguez o Hernández, que significan «hijo de». Claude también te dice en qué zona se concentra hoy ese apellido, y ese dato te dice dónde buscar en el siguiente paso.
Este es el que encuentra gente nueva:
Usando todo lo que ya sabes de mí, busca en registros públicos, obituarios y archivos genealógicos abiertos parientes conectados con mi familia que yo no tenga en el árbol.
Claude revisa censos, memoriales y obituarios, y vuelve con nombres que no estaban en tu lista. En mi caso, uno de ellos era un hermano de mi bisabuelo que emigró y del que en casa nadie hablaba. El dato no estaba escondido: estaba repartido en varios archivos que nadie iba a cruzar a mano en una tarde.
Pero hay que decir la otra mitad: la primera vuelta me trajo cinco nombres y dos estaban mal. Si te quedas con la primera lista sin revisarla, vas a meter desconocidos en tu propio árbol. Lo importante no es el hallazgo, es el filtro.
Estas preguntas te las haces tú, no el modelo:
Pídele a Claude que marque a cada persona como confirmada, probable o dudosa y que explique con qué evidencia. Un homónimo no es un pariente hasta que las tres respuestas cuadran.
En casi toda Latinoamérica y en España, los registros guardan el apellido del padre y el de la madre. Eso significa que cada persona te abre dos ramas en vez de una. Pídele a Claude que trabaje la rama paterna y la materna por separado, sin mezclarlas: el error más común es seguir solo la paterna y perder la mitad del árbol en la primera generación.
Y ojo con las fechas antiguas, que engañan sin mala intención:
Dile a Claude que trate toda edad como aproximada.
El paso que casi todo el mundo se salta: pídele que te devuelva el árbol como un archivo, con una línea por persona, sus fechas, su lugar y el enlace a la fuente de cada dato. Una conversación se pierde entre otras cincuenta; un archivo lo abres dentro de cinco años y sigue ahí.
Guarda también los prompts que usaste. El día que aparezca un pariente nuevo, vas a querer repetir la misma búsqueda con ese dato agregado.
Con todo verificado, pídele:
Construye el árbol genealógico visual con todas las personas que encontraste y cómo están conectadas conmigo.
En lugar de una lista en texto, Claude te programa dentro del chat un árbol interactivo que puedes mover y desplegar por generaciones, con la fecha, el lugar y la fuente de cada persona. Si le pides colores distintos para la rama materna y la paterna, también lo hace.
Y el último paso, el que de verdad salva la historia de una familia: pídele un cuestionario de 20 preguntas para tu abuela o para el pariente de más edad que tengas, basado en los huecos que quedaron en tu árbol. Preguntas específicas sobre el hermano que falta o el pueblo que no cuadra. Graba la conversación, pásale el audio a Claude para que lo transcriba y lo integre. Los registros públicos van a seguir ahí; la memoria de tus mayores, no.
Hay más material abierto del que parece:
Y cuando termines, cuéntame hasta qué generación llegaste. Yo llegué hasta la cuarta y me faltaba un nombre.